En una sociedad en la que impera una especie de banalidad intrascendente, que no es sino una concepción meramente horizontal de la vida; en un clima social, y hasta eclesial, en que el acceso a Dios y la propia experiencia espiritual parecen reñidos con el pensamiento, el concepto y la especulación en general, este pequeño libro quiere luchar contra la banalidad, la estulticia, el ruido, la superficialidad que solo busca diversión, entretenimiento, espectáculo y, por ende, olvido de sí.