La resistencia de materiales es una ciencia que entra por los ojos. Efectivamente, sus principales leyes resultan de la observación de las deformaciones y de hipótesis que extrapolan la validez de estas observaciones más allá de donde pueden percibirse.
En épocas anteriores, al resolver cualquier problema, en algunos casos incluso de forma gráfica, siempre mediante procesos relativamente lentos y laboriosos, se podía ver cómo y dónde aparecían las reacciones, cómo evolucionaban los esfuerzos a lo largo del sólido, de qué forma se distribuían las tensiones y dónde alcanzaban sus valores máximos, el tipo y la importancia de las deformaciones. Se podía valorar continuamente la influencia de las diferentes variables y el sentido en el que habría que modificarlas, en caso necesario, para mejorar los resultados.