Lem, un humano un poco cínico, y Grandullón, un viejo robot sin un sistema operativo excesivamente complejo, buscan trabajo en un planeta arrasado, sin vegetación ni prácticamente vida. Cuando encuentran empleo en una vieja fábrica, todo parece indicar
que el trabajo que realizan no es otro que el de mover chatarra y residuos de un lado a otro, sin parar. Es como si hubiera quedado
una inercia extraña en los programas originales y los androides siguen trabajando sin cuestionarse nunca nada, al fin y al cabo no
están programados para otra cosa. Pero, ¿qué pasa con los humanos, ellos sí que tienen sentido crítico y libre albedrío? Si es así, ¿por qué siguen la inercia y las rutinas?