En la Plaza de la Memoria Vinculante
hay barro aún. Pueden que no te alcance.
Puede que te echen a una lata
de foigrás barato. Carne aherrojada ahí
El hombre, desde el seto, te vio mirar
cómo rodaba en su manta. Ahí,
lobunamente, ahí, donde ya no se ensaliban
instrucciones de apertura.
Ahí, medirás que tienes en los labios
aún: Buenos días, algo para comer
o pañuelos o le limpio los cristales.
O qué mimbres trenzar.