El texto que los lectores podrán disfrutar a continuación recupera la memoria de un tiempo épico y terrible, lleno de crueldad y odio, pero también de entrega y compañerismo. Las palabras escritas por Ángel Longarón nos retrotraen a un momento de los más trágicos de nuestra larga historia, y que en gran medida ha mediatizado el desarrollo de nuestro país y la idiosincrasia colectiva de la España en que vivimos.
Sin embargo, también hallaremos el consuelo que nos proporcionan las situaciones cómicas acaecidas hasta en lo más profundo del desastre, el hondo sentido de la justicia que siempre guio los pasos de su autor, su cálido cariño hacia sus compañeros y su respeto hacia un enemigo que, no pocas veces, estaba más próximo a ellos que los embrutecidos golpistas que les obligaron a enfrentarse a sus hermanos. A sus hermanos de origen y a sus hermanos de clase social.