Queridos jóvenes, estamos hoy en un momento culminante de la histo[1]ria de la humanidad... Estamos en una de esas etapas de fractura , en las cuales es posible cambiar de modo radical la orientación de la vida del es[1]píritu, de la existencia de los hombres. Acabamos pues de cruzar la frontera del tercer milenio.
Queridos jóvenes, ustedes son los que tienen que cumplir con un rol preponderante en el nuevo ritmo de la marcha que el mundo tiene que adquirir. Ustedes tienen que ser los verdaderos protagonistas de esta fase de la historia.
Nuestro mundo no anda bien. No hace falta ser demasiado sutil para advertirlo. Lo testimonian las guerras, el hambre, la miseria, la envidia, el materialismo, el interés por las cosas secundarias, la inmadurez, la depre[1]sión, la angustia, las crisis de evasión , las inseguridades, la relativización de la verdad... Nuestro mundo no anda bien.
Y si nuestro mundo no anda bien, no podemos adoptar una postura co[1]barde, al estilo de los punks, que bajo el slogan de El mundo está podrido... reventemos , como el avestruz esconden la cabeza ante el peligro, para no sentir la obligación de hacer frente a las circunstancias adversas. No tenemos ningún derecho a quedarnos de brazos cruzados, cuando Dios mismo ha muerto con los brazos abiertos para infundirnos confianza en la victoria.